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Nuestro Fundador Monseñor Leonidas Proaño
Escrito por No\One   
Martes, 19 de Mayo de 2009 12:56

 El 29 de enero de 1910 nace Monseñor Leonidas Eduardo Proaño Villalba quien luego de toda una vida entregada sin reservas a la liberación de los oprimidos se convirtiera en el Profeta de Amerindia, el Pastor de los pobres, el Obispo de los Indios. San Antonio de Ibarra, Provincia de Imbabura, fue su lugar natal. 

Sus padres Agustín Proaño y Zoila Villalba campesinos pobres dedicados a tejer sombreros de paja, fueron quienes lo educaron en los más altos valores humanos y en la fe cristiana desde la más tierna edad. Realizó sus estudios primarios en la Escuela Fiscal “Juan Montalvo”.

Se ordenó como sacerdote a los 26 años y desempeñó su ministerio durante 18 años en Ibarra dedicándolos con fuerza y decisión a la formación juvenil de los más pobres mediante la organización de la Juventud Obrera Católica (JOC) cuya metodología “Ver, Juzgar y Actuar” marcó toda su vida. En estos mismos años fundó la Librería “Cardijn”, el bisemanario “La Verdad” instancias que dinamizan la vida cultural de Ibarra.

Su mayor sueño al ser ordenado sacerdote fue ser “párroco de indios” pero esta gracia no le fue dada en esa etapa. El 29 de mayo de 1.954 el Papa Pío XII lo consagró Obispo de Riobamba, cargo en el que realizó su más largo peregrinaje y magisterio y en el cual pudo plasmar su sueño juvenil. En Chimborazo ve que la obra de “redención” del indigenado es enorme, y a esa causa entrega todas sus energías. Funda ERPE (Escuelas Radiofónicas Populares), el Centro de Estudios y Acción Social (CEAS), la Pastoral de Conjunto; los Equipos Pastorales, el Equipo Misionero Itinerante como medios para educar, formar, concientizar, evangelizar. Es el pionero en Ecuador de la alfabetización de los indígenas en su lengua materna, y quien por primera vez – aún antes de la promulgación de la primera Ley de Reforma Agraria-  entrega, como acto de reparación histórica, las tierras de la Curia Diocesana a los indígenas, a quienes reconoció como sus únicos y legítimo dueños.

A nivel eclesial su acción fue enorme. Fue uno de los más destacados representantes latinoamericanos del ala progresista de la Iglesia. Sentó las bases de una nueva concepción y acción de la Iglesia como pueblo de Dios, superando así la concepción tradicional de Iglesia piramidal constantiniana, y fue el artífice de la opción preferencial por los pobres. Como Padre Conciliar participó con aportes fundamentales en el Concilio Vaticano II. Su participación en Medellín y Puebla proveyeron a estos documentos un sello singular.

Su ardua labor dio pie también para una nueva reflexión sobre el accionar político en los sectores de la izquierda; promovió, desde la creación del Frente de Solidaridad del Chimborazo, toda una acción internacionalista solidaria con los pueblos en lucha. No había dolor en América Latina del cual no se haga eco: las Madres de la Plaza de Mayo; los Sandinistas, las víctimas de la represión de las feroces dictaduras de Pinochet en Chile, Strossner en Uruguay, Videla en Argentina…. Estuvo muy cercano a los sufrimientos ocasionados por las masacres en Guatemala, El Salvador, Nicaragua…

Luego de su renuncia por límite de edad, como Obispo de Riobamba, es nombrado, a pedido del movimiento indígena nacional, Presidente del Departamento de Pastoral Indígena de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, y desde cargo se consagra como verdadero Obispo de los Indios, a desarrollar con líderes indígenas y agentes de pastoral el primer Plan de Pastoral Indígena, instrumento clave para la defensa y garantía de los derechos de los pueblos indígenas del Ecuador.

Por los invalorables aportes eclesiológicos y teológicos se lo considera Padre de la Iglesia Latinoamericana y Padre de la Teología de la Liberación en América Latina, a pesar de que  no fue un teólogo de oficio. Con su transparente vida evangélica mostró a creyentes y no creyentes que el camino de la resurrección pasa por la adhesión y auténtica fe en Jesucristo Liberador y una sincera práctica de la justicia social a favor de los más pobres entre los pobres.

Educador nato, con una pedagogía liberadora, basada en la el análisis de la realidad económica y social a la luz del Evangelio y con gran respeto por las culturas indígenas, logró que el indígena recobrara su dignidad, su identidad y se organizara para su liberación.  Mons. Proaño está en la raíz del gran árbol que constituye el movimiento indígena.  Fue maestro, poeta, historiador, defensor de los derechos humanos y de los derechos de los pueblos indígenas, periodista, internacionalista, “una montaña que orienta y desafía”, “un Chimborazo espiritual”.

Recibió varios doctorados honoris causa, numerosos premios y reconocimientos nacionales e internacionales y fue el primer ecuatoriano candidatizado en 1986 al Premio Nóbel de la Paz. Sin embargo debido a su entrega sin ambages a la defensa de la justicia y a la construcción del Reino de Dios fue blanco de duras críticas y persecuciones tanto desde el Estado como desde la Jerarquía Eclesial. En abril de 1974 llega a Riobamba el visitador Apostólico P. Jorge Casanova SDB con resguardo policial, para fiscalizar al Obispo Rojo y Comunista y su obra, por orden de la Santa Sede a pedido de algunos Obispos ecuatorianos; y, en 1.976, junto con otros 17 obispos y sacerdotes, fue apresado por la dictadura militar de ese entonces, acusado de subversión.

Escribió numerosas obras, gran mayoría de las cuales aún son inéditas. Con los derechos de autor de sus libros, remuneraciones de conferencias y donativos, creó al final de sus días –en su testamento- la Fundación Pueblo Indio del Ecuador y el Centro de Formación de Misioneras Indígenas con el encargo de dar continuidad a su enorme trabajo liberador.  Murió pobre, sin tener dónde reclinar su cabeza, el 31 de agosto de 1.988 y fue sepultado, según su propio deseo, en el Centro de Formación de Misioneras Indígenas ubicado en la comunidad indígena de Pucahuaico, al pie del Taita Imbabura, cerca de su pueblo natal, desde donde nos continúa evangelizando.

 
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